UNA VERDADERA VERGÜENZA. El día en que Defensa y Justicia jugó solo en el Pedro Bidegain

Todo lo hizo Defensa y Justicia, hasta el golcito de mierda de San Lorenzo. Resultado completamente escueto el 3 a 1, los de Varela debieron haber triunfado por siete u ocho a uno ya en el primer tiempo. Salir rápido del laburo, hacerse un hueco en la rutina para terminar mirando jugar a Defensa y Justicia solo en el Pedro Bidegain. Contra un equipo de San Lorenzo que no hizo absolutamente nada. Nada. Ni defender, ni recuperar, ni tener la pelota, ni atacar. Ni atajar. La nada misma.
Y miren que empezamos ganando. Porque algunos nos quejamos cuando, contra los santiagueños de Central Córdoba, nos cobraron mal un offside o un penal a Cachila Arias que no nos dieron y que hubiera sido (ponganle) el 1 a 0. No, acá nos dieron perfectamente el gol y ganábamos 1 a 0 a los 2 minutos. Aguantamos 3 minutos la victoria. Ciento ochenta segundos. Nos hicieron el dos-uno veinticinco veces en el partido, en todos los rincones de la cancha. Y un centro al área chica, a dos baldosas de la línea de meta que debió ser del arquero, pero ni eso. Luego del segundo gol de Defensa y Justicia, tuvieron cuatro o cinco situaciones clarísimas más con una línea de fondo y mediocampo de contención azulgrana que fue un espanto. En el medio y arriba, fue el San Lorenzo de Almirón.
O sea, atacando somos el San Lorenzo de Almirón y defendiendo el San Lorenzo de Pizzi. Este equipo cristaliza en la cancha lo peor de los dos técnicos. El juego ya estaba perdido a los 35 minutos del primer tiempo, sobró una hora del partido casi. No hay rebeldía, no hay actitud, no hay nada en este San Lorenzo. Ni siquiera tenemos un atorrante que vaya a contracorriente e intente subir en esa escalera mecánica descendente dándose un porrazo. Una chilenita y algunos movimientos de Alexander Díaz, la tozudez del pibe Herrera sobre la derecha, las ganas de Barrios. Poco y nada. Ni los goles de Bruno Pittón quedan, el gol se lo hizo Defensa. Fue peor incluso que el espantoso partido que reconociera Pizzi con Huracán. No fue solo un espanto, sino una verdadera vergüenza.

Por Sebastián Giménez. Escritor. Autor del libro “Veinte Relatos Cuervos”.