La noche pintaba para buen fútbol. En los alrededores del pintoresco Estadio platense se sumaba la expectativa de los locales y para nosotros la ilusión de seguir en la lucha del Torneo. Pero lo mejor se vió desde afuera. Porque adentro, todo decepción, sorpresa (de la mala) y desconcierto.

San Lorenzo no juega bien y eso se volvió moneda corriente. Es evidente que el paráte futbolístico no le cayó de la mejor manera al equipo del Pampa. Volvió a caer, esta vez a manos de Gimnasia, en La Plata y jugando feo.

La ausencia de Rubén Botta, la reaparición de Facundo Quignon en el once titular y la insospechada titularidad de Tomás Conechny eran factores de incertidumbre en el esquema que propuso el DT. Párrafo aparte para el rendimiento que viene cosechando Fernando Belluschi, la única luz de esperanza y buen fútbol que tiene el equipo Azulgrana.

Si hablamos de llegadas al arco de Martín Arias no hay mucho de que contar. Una habilitación de Belluschi a Gabriel Gudiño, un golpe de cabeza de Quignón y un remate de media distancia del “Rasta”.

En el complemento el guardametas del Tripero fue un espectador de lujo.

San Lorenzo volvió a perder con un equipo del montón y la cima del torneo está cada vez más lejos de nuestro alcance, sería una utopía soñar con arrebatarle el título a Boca, por eso ahora debemos enfocarnos en la clasificación a la Copa Libertadores, que jugando así, apostando a la suerte, también será de fábula. Será cuestión de afinar los instrumentos pronto y sacar alguna melodía lo antes posible para evitar otro año de frustración.